Conflictos: la confianza se gestiona

++Actores mineros

 

Conflictos: la confianza se gestiona

Jorge Melo Vega Castro

Presidente de Responde

Publicado en: Mundo Minero

 

En los últimos doce años hemos tenido la oportunidad de realizar paneles de diálogo en la mayor parte de la geografía nacional. Hemos dialogado con comuneros, proveedores, trabajadores y autoridades de la costa, con actores próximos a los puert os pesqueros y a los desarrollos agroindustriales; en la sierra con los distintos grupos de interés vinculados a las operaciones mineras, y; en la selva con nativos, proveedores locales y siempre las autoridades de la zona, a propósito de las actividades que realiza el sector de hidrocarburos. Esta experiencia nos ha permitido identificar varios temas que son constantes y que merecen una mayor reflexión por parte de empresas y autoridades.

Primeramente, hay que reconocer que las empresas involucradas en estos procesos son de avanzada por su preocupación en promover espacios para la comunicación con sus diferentes grupos de interés. Se trata de espacios positivos en los que la empresa explica sus retos e impactos en sus operaciones y los vecinos, dirigentes, autoridades, proveedores o gremios, se informan, cuestionan y manifiestan sus preocupaciones, también. Para estos efectos es importante tener claro quiénes son los grupos de interés de la empresa: nos referimos a aquellos públicos que están interesados en que la empresa tenga éxito, porque el éxito de la empresa también los beneficiará.

La empresa en entredicho

En nuestro país no existe una actitud positiva y observadora de la sociedad frente a sus empresas, el discurso político y los movimientos contra la economía de mercado han logrado transmitir en la población que una empresa exitosa no es sinónimo de bienestar para la sociedad. En Perú, y así lo ratifican los últimos estudios de opinión, los ciudadanos esperan una mayor participación del Estado en la economía y si la oferta de bienes y servicios de éste es de mala calidad, se la toleran; contrariamente a lo que ocurre si los servicios son brindados por un privado, siempre se le cuestionará así la calidad ofrecida sea superior.

En otros países el desarrollo ciudadano permite evidenciar claramente en que si hay empresas exitosas, entonces hay crecimiento económico y por tanto, todos se benefician. Esa ecuación incentiva a que las empresas transparenten su información y así se conozca si sus ventas van bien, el empleo que generan, las compras que realizan las mismas que a la vez generan empleo en sus proveedores y los impuestos que se pagan. Ese clima de transparencia y buena fe, también permite que a nadie se le ocurra dejar de pagar impuestos, no es socialmente aceptado pasarse de listo, precisamente porque existe también una vigilancia ciudadana por el cumplimiento.

 

El escenario planteado, muy natural en el exterior por ser absolutamente razonable, resulta utópico para el Perú. El alto nivel de desconfianza, muchas veces por culpa de las propias empresas y en otros casos por discursos ideologizados, han logrado que la población no sienta a las empresas como parte de su desarrollo. La fórmula que hasta ahora ha funcionado contiene al Estado, empresas y ciudadanos actores que adecuadamente armonizados reconocen que el uno no podría existir sin en el otro y de allí la necesidad de buscarse, conocerse y realizar una colaboración mutua. El crecimiento de uno redundará en beneficio de los otros.

El engagement en la minería

Las empresas mineras han sabido a lo largo de los años establecer una adecuada política con las comunidades más próximas. Hay mucho profesionalismo en ese tipo de relaciones, lo que ha llevado a tener acuerdos importantes y gran aceptación por parte de las comunidades vecinas. Sin embargo, y esto puede ser tema de otro artículo, los recursos de las regalías y canon minero no les llega adecuadamente a ellos. Les llega a los gobiernos locales, regionales y a las universidades, quienes no tienen una adecuada capacidad de ejecución del gasto y más bien priorizan los proyectos de inversión sin tomar en cuenta a estas comunidades. Por eso es que son las empresas, directamente, las que acuden a impulsar el desarrollo de sus vecinos dentro de sus presupuestos de operaciones y bajo una vigilancia extrema y muy crítica de la SUNAT, “por gastar en lo que no deben”.

Sin embargo, el segundo anillo de las operaciones mineras, el de los espacios urbanos más próximos precisamente aquellos en los que se encuentran las autoridades locales, los medios de comunicación, los proveedores, los comercios, los profesionales, entre otros, no cuentan necesariamente con una gestión de relacionamiento e información de las operaciones de la empresa. Ellos son importantes grupos de interés que, inicialmente, no se oponen a la minería, porque saben que esa actividad les va a traer beneficios individuales y prosperidad a la zona. La respuesta objetiva es que las empresas mineras han optado como práctica en estos casos, por la apertura de oficinas de atención ciudadana, con una dinámica menos profesional a la que con altos estándares de gestión emplean para sus relaciones comunitarias o en su relación con inversores, por ejemplo.

La realidad es que desde estos espacios urbanos es donde se generan la mayor cantidad de tensiones y conflictos, fundamentalmente por razones de expectativas desmedidas, pero sobre todo, por falta de una adecuada comunicación. Ojo que no decimos que no hay comunicación, porque sí la hay y probablemente mucha, pero no es precisamente la mejor dirigida. Este error ha sido aprovechado por sectores antimineros o por delincuentes con careta de negociadores, quienes se han esmerado en propagar información falsa que luego se convierten en mitos sobre supuestos beneficios no recibidos, impactos negativos que no son reales o que son resultado de distintos actores, entre otros. El escaso desarrollo ciudadano es un magnífico caldo cultivo para que se acepten este tipo de mensajes.

Gestionar el relacionamiento institucional en las localidades próximas a las operaciones no es una tarea fácil, pero se reconoce que es un espacio sensible. Identificar a esos grupos interés claves y ponerles rostro es un trabajo que sólo los funcionarios en las operaciones pueden hacer, construyendo mensajes que deben compartir en un diálogo horizontal.

Es indispensable construir espacios de diálogo, individuales o grupales, con las personas correctas, en donde se perciba el compromiso de la empresa por contar lo que en verdad ocurre. El resultado de ese ejercicio va a permitir que esas personas puedan transmitir información de primera mano y se convertirán en grupos poco vulnerables a los discursos emitidos por algunos dirigentes locales o medios de comunicación que únicamente buscan paralizar las operaciones.

Los conflictos en la minería no provienen necesariamente de las comunidades vecinas, sino de los espacios urbanos próximos a las operaciones. Necesitamos dar y recibir la información correcta y de forma correcta. Las relaciones de confianza sólo se logran con el continuo diálogo monitoreado con indicadores de gestión.

 

 

 

 

 

 

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