Estado de bienestar, pero sin plata

Por Jorge Melo Vega,

Presidente de Responde

 

Pensar, sólo pensar un poco, puede ayudar a aclarar algunos conceptos, supuestamente básicos, que de la forma como se vienen exponiendo resultan siendo necios. Ocurre, por ejemplo, cuando se señala a la inversión privada en oposición al Estado, lanzándose conceptos sobre los cuales se dicen infinidad de cosas, muchas de ellas sin el mayor sentido.

Es el caso que el Estado para cumplir sus tareas básicas requiere contratar a maestros, policías o enfermeras y para ello necesita recursos, los mismos que provienen de las actividades productivas. Esas actividades las realizan las personas, como privados o el propio Estado, en ambos escenarios se hace empresa. Es desde la empresa, mediante los impuestos, que se generan los recursos para que la economía del país funcione. Se requiere entonces trabajadores, proveedores y clientes para hacer que este proceso fluya y todos, de una manera directa o indirecta, contribuirán al fisco.

Esa dinámica en la que unos compran y otros venden se traduce en transacciones, que hacen mover la rueda económica que beneficia al Estado y así atender las necesidades de los ciudadanos. Son entonces las inversiones de la PYMES y de la gran empresa, las que producen y generan las transacciones que dinamizan la economía de un país. A más inversión, más crecimiento económico, más recursos para el Estado y estos, gestionados adecuadamente, promueven el desarrollo.

Promoción de la inversión, tarea del Estado

No se conoce experiencia de un país exitoso donde el Estado no haya priorizado la inversión; no en China, ni en Rusia, ni en Corea o Alemania. Esos Estados han mejorado e incrementado  los servicios a sus ciudadanos con más presupuesto, por tanto, se han enfocado en conseguir los recursos para atender esos presupuestos. Para ello sólo hay dos formas: 1) con los ingresos generados por la producción que  aportan impuestos y, 2) por créditos internos y externos, los mismos que luego hay que pagar con la producción futura.

Si las empresas obtienen mayores utilidades y las personas mejores ingresos, se obtienen más recursos para el Presupuesto de la República y así se puede pagar más a los maestros y a los policías. Contrariamente, si las empresas no tienen utilidades y los trabajadores ganan muy poco, el resultado será menos dinero para ofrecer servicios públicos e infraestructura.

Por eso es que los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la Agenda 2030, de las Naciones Unidas pone especial énfasis en el rol que cumplen las empresas para que se alcancen las metas que monitorean los Estados en sus territorios. Ha evolucionado el entendimiento de estos temas y así lo reconocen las convenciones internacionales que vuelven protagonistas a la empresa y la inversión, en temas que antes se le encargaban únicamente al Estado.

Particularmente nuestra opción es la de contar con un Estado grande y fuerte, con muchos recursos para atender con carreteras, hospitales y colegios, a los peruanos que se encuentran especialmente en espacios geográficos más remotos y que no logran salir del espiral de la pobreza. Queremos más ciudadanos que se beneficien del desarrollo y eso sólo lo lograremos con un Estado que priorice y premie a la inversión.

Artículo desde la edición de la Revista Stakeholders Artículo Stakeholders JMV

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