Obras por Impuestos y la Responsabilidad Social

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El modelo de Obras por Impuestos –OxI– es una alternativa tributaria concebida en nuestro país como una fórmula de acelerar parte de la inversión pública, fundamentalmente regional y local, en la que la empresa privada juega un papel relevante al convertirse en impulsor del proyecto, aportando los recursos financieros, sobre la base de un adelanto en el pago del impuesto a la renta.

El modelo se creó el año 2008 pero alcanza una dimensión mayor en los últimos tres años, luego de un largo proceso de maduración debido a que la regulación se ha ido mejorando para incentivar y generar confianza en la empresa privada aportante. De ese modo, el total de los aportes puede ser finalmente reconocido al momento de realizar las liquidaciones correspondientes y acceder al CIPRL que es el certificado emitido por el Tesoro Público.

Pero esta reflexión no intenta abundar en la complejidad regulatoria de Obras por Impuestos, sino más bien mejorar su entendimiento cuando intentamos asociarlo con la responsabilidad social (RSE) o con un modelo de gestión sostenible, como vienen trabajando las empresas recientemente. Recordemos, primeramente, que la actividad empresarial se realiza para generar valor económico y social. En la medida que una empresa genera puestos de trabajo, paga impuestos, desarrolla una cadena de proveedores, ofrece productos y servicios de calidad a sus clientes y genera retorno a sus inversionistas, está en capacidad de ser sostenible (RSE). Esto, claro, si identifica y gestiona los impactos positivos y negativos que esa actividad genera en las relaciones que hemos mencionado.

A la empresa le interesa que a su entorno le vaya bien. Si al entorno le va bien a la empresa le va ir bien también. Si el entorno cuenta con servicios de salud, educación o infraestructura, los ciudadanos van a ser mejores ciudadanos. Pero si los ciudadanos viven con bajos estándares de ciudadanía, los trabajadores, proveedores o clientes de las empresas, seguramente van a ser mediocres.

El Perú adolece de servicios e infraestructuras públicas de calidad. No tenemos suficientes aulas educativas, postas médicas, caminos vecinales, agua y desagüe, canales de irrigación, etc. y va a demorar mucho tiempo más si esperamos que se desarrollen en base a los presupuestos públicos de los siguientes años. Allí es donde la empresa, interesada en su entorno y conocedora de los requerimientos de sus grupos de interés, es que está en capacidad de sacar adelante algunos proyectos que requieran los ciudadanos, atendiéndolos de forma inmediata.

Pero la empresa no puede hacer cualquier proyecto de infraestructura si no logra vincularlo a su relacionamiento con sus grupos de interés. Aquí radica el encuentro de la RSE con el modelo de OxI. Es imprescindible que la empresa evalúe el nivel de retorno en los intangibles para su reputación cuando se compromete a adelantar impuestos. No olvidemos que más eficiente resulta siempre pagar el impuesto a la renta al final del ejercicio anual para que sea el Estado, y no la empresa, el que decida la obra que se debe ejecutar.

Las infraestructuras pendientes de financiamiento son miles y de otro lado las empresas están obligadas a desarrollar de manera eficiente y competitiva sus actividades; desarrollar obra púbica no es su especialidad. Si lo hace es porque está invirtiendo en la mejora de los estándares ciudadanos de sus grupos de interés. Esa valoración y su métrica correspondiente, es la que no debe faltar al momento de embarcarse en ejecutar Obras por Impuestos. No debemos olvidar que una decisión desacertada, más allá de lo bonito de la foto en la inauguración, puede resultar siendo perjudicial para la reputación de la empresa, supuestamente generosa.

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