La filosofía occidental tiene sus cimientos a partir del siglo VI gracias a grandes pensadores como Sócrates, Platón y Aristóteles, filósofos que estudiamos en el colegio y que plantearon temas fundamentales como la justicia, la ética, la política y muchas reflexiones esenciales para desarrollar una auténtica ciudadanía. Platón en su obra central de la República, recoge sus diálogos con Sócrates y otros discípulos y desarrolla una de sus metáforas centrales conocida como “La alegoría o mito de la Caverna” basada fundamentalmente en los concepto de libertad y falta de conocimiento a propósito de unos hombres encadenados que sólo pueden ver el mundo a través de sombras de imágenes en una caverna.

En su metáfora, plantea que esas imágenes que alcanzaban a ver los hombres carentes de libertad, era la verdad. Pero luego uno de ellos es libre, sale de la caverna y conoce el mundo real, se deslumbra, y al regresar no logra convencer a sus compañeros quienes se resisten a aceptar esa realidad y conocer la verdad.

No intentamos hacer una reflexión filosófica, sino más bien destacar elementos centrales en la evolución de la humanidad, temas que tienen más de 1,500 años de antigüedad, sobre la importancia de valorar el conocimiento para acercarnos a la verdad y poder ser libres. La demostración más dramática de esa involución la vemos recientemente en Afganistán con los talibanes y las leyes draconianas que impiden a las mujeres y otros grupos sociales de la población a acceder a la educación y al conocimiento. Como señala Ahmed Rashid, el más prestigiado investigador del talibán: “El problema con los talibanes es que son inútiles para gobernar”.

En el Bicentenario del Perú nos viene ocurriendo una situación similar respecto a la escasa importancia que se le da al conocimiento para el buen gobierno. No se tiene claridad respecto a la función pública y lo indispensable que es que las personas llamadas a encargarse de ella deben ser las mejores, las más capacitadas para su ejercicio, ya que su tarea es hacer que el Estado funcione bien para beneficio del ciudadano, del pueblo.

La complejidad del país debido a la generalizada informalidad, obliga a los auténticos administradores a dictar medidas que pueden ser impopulares, pero lo que buscan es precisamente ordenar los diferentes sectores, impulsar el cumplimiento de las normas y hacer efectiva sus sanciones. La falta de talento idóneo en los cargos públicos los vuelve “inútiles para gobernar”, eso los lleva a dictar medidas orientadas a otorgar beneficios a los grupos de presión que no quieren que el país se ordene. Esa es la realidad que venimos observando las últimas semanas con las contra reformas, medidas contrarias a los avances que se venían obteniendo en el transporte público, la agricultura moderna, la evaluación de los maestros, la formalización en la minería, en la erradicación de la coca, entre otras decisiones anti técnicas. No son directivas que tengan razones u objetivos ideológicos, lo son fundamentalmente por falta de conocimiento de la cosa pública.

La alegoría de la caverna de Platón es una metáfora que aporta muchas ideas sobre lo indispensable de la educación y cómo es que a partir de ese conocimiento se puede desarrollar la ciudad-estado. En nuestro país tenemos profesionales calificados en el sector público, una organización como SERVIR que durante años trabaja en la identificación y formación del mejor talento, los ciudadanos debemos vigilar y no permitir que se “normalice” el volver a la caverna.

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