Hemos mencionado muchas veces que en nuestro país existen muy pocas empresas grandes, a diferencia de nuestros pares en la región. Siempre que se regula a las empresas: el parlamento, el gobierno, o las municipalidades, norman para un país de fantasía, pues en nuestra realidad la casi totalidad de ellas son micro y pequeñas a las que las disposiciones tributarias, laborales o de ordenanzas municipales, les resultan muy lejanas. Por ello gran parte de nuestra informalidad proviene por actos de la administración, no tanto del administrado.

De acuerdo al último informe de América Economía sobre las 500 empresas más grandes del Perú al 2020, apenas 169 empresas superan los US$ 200 millones de facturación, que es el tamaño que internacionalmente se emplea como indicador de empresa grande. La empresa que aparece en el número 500, factura US$ 40 millones y en ese bloque ya nos encontramos con agencias viaje, universidades pequeñas o comercios, que por su volumen de ventas son empresas medianas.

Cuando valoramos una gestión ESG en las empresas, nos enfocamos en identificar cuáles son sus políticas, indicadores y evidencias de gestión en los temas ambientales, sociales y de gobernanza –resultado de la suma del Gobierno Corporativo y la dimensión económica–. Nuestro universo de empresas grandes con gestión ESG se reduce aún más, cuando abordamos el tema del Gobierno Corporativo y eso lo ponen en evidencia los estándares del DJSI, GRI y SASB, que interrogan sobre esas buenas prácticas en la gobernanza.

El resultado es que son muy pocas las empresas que operan en el Perú y tienen Directorios con política de diversidad, miembros independientes o que sean especialistas, que tengan comités de vigilancia, ética, cumplimiento o con indicadores propios de ESG para el mismo Directorio.

Gobernanza devaluada

En la lista de las 169 empresas grandes mencionadas encontramos a los grupos empresariales locales, que no operan directamente sino que consolidan las operaciones como Credicorp, Intercorp, Inretail, Ferreycorp, Grupo Gloria, entre otros.

Destaca el hecho que varias de nuestras grandes empresas resultan ser subsidiarias de corporaciones internacionales como las mineras y petroleras o las de servicios públicos, por lo que sus CEOs reportan a la matriz y muy poco al Directorio local. Otro grupo de empresas son familiares, que al no cotizar en el mercado de valores, no se esmeran en incorporar las mejores prácticas de gobernanza.

Entonces, ¿quiénes sí tienen buenas prácticas de Gobierno Corporativo en el Perú? Lo tienen las financieras debido a la especial regulación de la SBS, las empresas holding nacionales que cotizan en la BVL, las empresas grandes que cotizan en el NYSE o en la BVL y que tienen el apelativo de “afepeables”, precisamente por requisitos de transparencia hacia las inversiones que dicta la SBS y no muchas más.

Después, lo que tenemos, son grandes marcas que realizan operaciones comerciales en Perú pero que no tienen una gobernanza local y utilizan un modelo de gestión “matricial” propio de las subsidiarias, modelo al que más bien, se están sumando empresas que tenían una tradición de buenos Directorios locales. Esta realidad empresarial merece ser analizada por nuestras escuelas de negocio.

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